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Venezuela y su primera universidad


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Como ya hemos referido las primeras fundaciones son del siglo XVI en Lima, México, Santo Domingo, La Plata, Santafe y Quito. Siendo luego, en el siglo XVII, el tiempo de la mayor cantidad de fundaciones: Chile, Javeriana de Santafe, Córdova, Charcas, Cuzco, Yucatán, Guatemala, etc. Para el siglo XVIII, bajo el espíritu de reformas regalistas e ilustradas y el patrocinio de la nueva dinastía borbónica en España, fundada por Felipe V, se crearon nuevas universidades en: Caracas sobre la base del antiguo Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima en 1721, en la Habana, Santiago de Chile, Buenos Aires, Popayán, Panamá, Concepción, Asunción, y Guadalajara. Finalmente, en el convulsivo siglo XIX solo se fundan las universidades de Mérida (Venezuela) y León de Nicaragua.

Aunque la legislación colonial dejaba entender que las universidades americanas eran creadas para llevar la luz del saber teológico y humano a los habitantes de las posesiones españolas de América, en la práctica el conocimiento y el acceso a la universidad se restringían a la reproducción de los valores propios de la trilogía dominante: la Corona, la Iglesia y la población blanca (peninsular y criolla), con el objetivo de garantizar la satisfacción de las necesidades de gestión y dirección propias de ese mundo hispanoamericano. Salvo limitados casos en que se dio acceso a indios principales y mestizos; por lo general la universidad colonial hispanoamericana no admitía en sus aulas, negros, indios, pardos ni elementos condenados por la Inquisición. Los certificados de buenas costumbres y limpieza de sangre se encargaron de filtrar buena parte de la población dudosa en cuanto a su origen social; en todo caso parece claro que las clases criollas locales fueron mucho más estrictas en aplicar estas limitaciones que la autoridad real y sus representantes.

Desde el siglo XVII se presentaron intentos de reformas en la universidades hispanoamericanas, especialmente con la intención de "acriollarlas" o "americanizarlas"; procesos que fueron notables en las conocidas reformas de Juan de Palafox en México, de Sarassa y Arce en Guatemala y la Novísimas Constituciones de la Universidad de Lima inspiradas en la inclinación ilustrada de Carlos III hacia 1771. También a la Universidad de Caracas llegaron estos aires de reforma hacia la década de 1780. La influencia del pensamiento regalista (Macanaz), las ideas cartesianas y variados matices de la Ilustración, pugnaron contra la rigidez escolástica con las limitaciones que eran de esperar, pero con más libertad de lo que se especula, pues fue realmente después de los horrores de la Revolución Francesa, concretamente en la década de 1790, cuando el conservadurismo invadió con ánimo de retroceso el ámbito académico español e hispanoamericano. Si grandes figuras como el ilustrado español Jovellanos tuvieron que replegarse bajo el régimen de Carlos IV, nada de extraño es encontrar un reasumir la tradición académica en las universidades del nuevo mundo.

No obstante, pese a la compleja y conflictiva coyuntura de la transición del siglo XVIII al XIX, las universidades hispanoamericanas estuvieron presentes, directa o indirectamente y con muy variados matices, en los procesos de cambio generados con la crisis de la emancipación, especialmente luego de 1810. No es por casualidad que figuras como la de Francisco de Miranda y Andrés Bello pasaron por las aulas de la Universidad de Caracas. Tampoco es extraño que la sede de la Capilla Universitaria de Caracas fuese sede de los eventos de la declaratoria de la independencia de Venezuela en los nada fáciles tiempos de 1811.

Desde el siglo XVI existió preocupación en América y desde España por la creación de centros de estudios superiores en aquellas ciudades y provincias de menor rango en comparación a Lima y México, donde ya existían universidades desde 1551. Prueba de ello fue la Real Cédula de Felipe II dictada en Tordesillas el 22 de junio de 1522, expedida para los Arzobispos y Obispos de la Indias para que erigiesen Colegios Seminarios en sus respectivas sedes; entre las cuales destacan, a efectos de nuestro estudio, Caracas y la Nueva Granada. En dicho mandato el Rey es muy claro en cuanto a la necesidad de preservar la formación y relevo de la nueva generación colonial "postconquista" y ordena:

... " que en la provisión de los colegiales tengáis particular cuidado de preferir a los hijos y descendientes de los primeros descubridores , de personas que me hubieren servido, siendo hábiles y suficientes, ..."

Sin embargo, Caracas, apenas recién fundada definitivamente en 1567, azotada por las pestes, los piratas, la precariedad económica y conflictos internos; no pudo comenzar a ocuparse de este mandato real sino hasta 1640, cuando el Obispo Fray Mauro de Tovar se encargó de obtener los recursos y poner en marcha la fábrica del Colegio. Desgraciadamente en 1641 el terrible terremoto de San Bernabé destruyó gran parte de la ciudad y con ella lo poco que ya se había levantado del Colegio Seminario. La desolación fue tal que por tres décadas este asunto permaneció diferido por la atención de intereses prioritarios de supervivencia. Apenas llegó a funcionar una Cátedra de Gramática sustentada por recursos reales como germen inicial del prolongado proceso de fundación que se iniciaba.







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